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¿Cómo conseguir que mi cachorro se
convierta en un adulto educado?
Mordiscos, gruñidos, suelo orinado, puertas arañadas, calcetines rotos…
Éstos son los problemas con los que se encuentran cada día los nuevos
propietarios al volver en casa después de un duro día de trabajo. Pero,
¿es necesario pasar por este trance? ¿Se puede evitar sin hacer daño a
nuestro pequeño amigo? ¿Cuánto de verdad hay en lo que dice “el vecino”?
En este artículo intentaremos llegar a las claves para que la infancia
de nuestro perro sea lo más agradable posible y, de paso, conservar el
mobiliario. Además, si evitamos que se instaure en el perro la costumbre
de hacer lo que no debe, prevenimos la aparición de problemas más graves
de comportamiento y que suelen aparecer a la entrada de la edad adulta.
LOS DESTROZOS.
La mejor forma de conseguir que el cachorro no haga “gamberradas”, es
adelantarnos a ellas. Resulta muy útil sentarse en el suelo y estudiar a
que objetos delicados tiene acceso desde esa altura. Aún así, habrá
cosas que correrán el riesgo de acabar rotas y será ahí donde entraremos
nosotros. Al más mínimo intento de desgarrar algo, lo cogeremos
fuertemente por el hocico a la vez que damos un contundente “¡¡¡NO!!!”
tantas veces como sea necesario para que nuestro compañero desista.
Una vez en este punto, nos encontramos con una inevitable dificultad:
tenemos un cachorro perfectamente controlado mientras estamos delante,
pero que se desmadra en cuanto cruzamos la puerta. La solución es la
misma que tomamos con nuestros hijos cuando empiezan a andar, deberemos
buscar un parque para cachorros. Éstos consisten en varios paneles
móviles de rejas que forman una zona de juego segura para el perro y
para nuestros objetos de valor. En ella podrá pasar todo el tiempo que
no estemos nosotros presentes para controlarlo. Además, para optimizar
el resultado, podemos usar juguetes rellenables de comida (tipo kong),
en los que pondremos algún alimento especialmente sabroso (como
golosinas industriales). Así conseguimos que aprenda lo que no debe
morder, a la vez que obtiene un premio extra al morder lo de debe.
LAS NECESIDADES.
Para controlarlas, necesitaremos una herramienta más: el transportín de
viaje. Este gran invento, no es más que una caja bien ventilada donde el
perro puede viajar tranquilo y además usarla como guarida. Además, nos
resultará útil tener en cuenta que los perros raras veces orinan en su
propia cama, de modo que el camino a seguir es claro.
En los primeros días, colocaremos el transportín abierto dentro del
parque, de modo que el perro empiece a usarlo como guarida. Si al
principio se asusta al intentar entrar, nunca deberemos forzarlo,
bastará con colocar los kong dentro. Además, prepararemos una zona
dentro del parque con la misma superficie que previamente hemos elegido
como la mejor para que el perro defeque (generalmente tierra), de modo
que le iremos acostumbrando a hacerlo allí. La forma de proceder es la
siguiente: aprovechando que después de comer la vejiga se ve comprimida
por el mayor tamaño del estómago, aprovecharemos para encerrarlo en el
transportín, para unos minutos después llevarle a la zona que hemos
apartado para las necesidades. Será muy poco lo que podremos esperar, y
no debemos olvidar felicitarle después de haber defecado en el lugar.
Con unas cuantas repeticiones, nuestro amigo buscará esa zona para
orinar y defecar.
No debemos olvidar nunca de que el transportín sólo se puede usar por
espacios de tiempo reducidos (no más de una hora), si necesitamos
tenerlo controlado más tiempo usaremos el parque.
LOS MORDISCOS.
Quizás sea lo más sencillo de hacer, pero también lo más pesado. No
debemos olvidar nunca que la firmeza en este sentido es indispensable.
La mayor parte de los mordiscos vendrán como un juego, pero no por eso
debemos consentirlos. La forma de proceder será la misma que cuando
muerde cualquier otra cosa, lo agarraremos fuertemente por el hocico a
la vez que aplicamos el ¡¡¡NO!!! La única diferencia vendrá porque en el
momento que pare le ofreceremos un juguete mostrándole que es con eso
con lo que se debe jugar y no con nuestras manos.
En algunos cachorros aparecen gruñidos cuando está comiendo. Esto lo
deberemos tomar mucho más en serio: estamos tratando con todo un
candidato a convertirse en un perro agresivo. NUNCA deberemos dejar que
esto evolucione. En estos casos, apartaremos al cachorro y le retiramos
la comida. Unos minutos después se la volvemos a ofrecer, para
retirársela de nuevo si persisten los gruñidos. La clave es que el perro
comprenda que la comida es nuestra y, por lo tanto, le hacemos un favor
dejando comerla. Generalmente mejoran a las pocas repeticiones.
CONCLUSIÓN.
Evitar que nuestro cachorro se convierta en una molestia es algo
sencillo que implica tan solo un poco de dedicación y la mayoría de las
veces a penas es necesario reprenderlo. Siguiendo esta guía,
conseguiremos tener un perro educado, que no moleste en casa y que
aprenda a permanecer en soledad durante periodos de tiempo prolongados.
Alberto Zafra
- Ischadia
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