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Perro ladrador ... 

Enviado por:

Alberto Zafra
  Ischadia
  http://www.ischadia.info

 

Perro ladrador ...

  

El ladrido es la forma de vocalización más característica de los perros. Aunque existen muchas otras (gemidos, aullidos, ronroneos, gruñidos, bufidos…) sabemos que el ladrido es la principal característica vocal canina. A partir del momento de su domesticación, se convirtió en el principal modo de comunicación hacia nosotros; tan es así, que existe un ladrido típico para una gran variedad de sensaciones y sentimientos. Pero el ladrido, cuando es excesivo, también puede convertirse en una de las peores experiencias para el propietario neófito; origen de denuncias, noches de vigilia y desesperación para toda la familia.

En esta ocasión, analizaremos los distintos tipos de ladrido y los desarreglos relacionados con ellos, además de la forma de solucionarlos.

Escúchale ladrar y sabrás lo que siente

Resulta apasionante analizar los distintos tipos de ladrido y encontrar su “traducción”, quizás sea en esas circunstancias cuando el estudioso se percata de lo elevado de la inteligencia canina. Veamos a “grosso modo” los significados de cada vocalización.

• Cortos y de media intensidad: El perro está preocupado, quizás por una invasión de su territorio inminente o porque se acerca algún peligro e intenta repelerlo. Es común en perros que ladran en la puerta, mostrándose vigilantes.
• Encadenados, monótonos y durante tiempo prolongado: suele ser indicativo de aburrimiento. Es habitual de perros que pasan muchas horas solos, que están encerrados o que tienen poca actividad física. El único objetivo, es mantenerse ocupado en las largas horas de soledad.
• Agudos, secos y de alta intensidad: Denotan alegría por la llegada del dueño o el líder canino de la manada. Se acompañan de mucho nerviosismo y movimientos de la cola bruscos y horizontales. Da la sensación de que el perro “escupe” los ladridos. En algunos ejemplares, llega a ser una forma de ladrido extremadamente molesta.
• Un solo ladrido agudo, de alta intensidad y seco: Suele indicar una petición. Generalmente, va unido a una mirada al dueño seguida de otra al objeto relacionado con la actividad (comedero si quiere comer, pelota si quiere jugar…). Al igual que en el anterior caso, el nerviosismo es evidente y la cola no para de moverse de forma horizontal. Si la excitación es muy grande, puede provocar varios ladridos, que nos indican la urgencia.
• Roncos, entrecortados y acompañados de gruñidos: El perro se siente agredido pero no es capaz de finalizar el ataque. Intenta conseguir que el atacante desista. Va unido a una posición rígida, cola oscilante, mira de reojo al agresor y suele mostrar los dientes.
• Profundos y muy alargados: En algunos perros llega a convertirse en un aullido, mientras que en otros se asemeja más a un lloro. Es típico en perros que padecen ansiedad por separación. El objetivo es precisamente atraer la atención de la manada. Se podría definir como “una llamada a larga distancia”.
• Gemido suave, de baja intensidad: Suele mostrarse como “uuuu-uuuu-uuuu”. Hemos encomendado una tarea al perro una tarea que no le gusta. Es toda una manifestación de protesta. También es frecuente en perros muy mimados a los que se ha castigado.
• Chillidos muy agudos: Manifiestan dolor. Es común verlos al final de las peleas, cuando el vencido se rinde y se somete.

Calladito estás más guapo

Una vez que sabemos lo que nuestro amigo intenta expresarnos, podremos conseguir que cese en función del tipo de ladrido. Por ejemplo, en la mayoría de los casos, será suficiente con un simple “NO” imperativo aplicado al principio de la vocalización. Llegado este punto, quiero destacar el hecho de que las vocalizaciones se controlan mucho mejor antes de que aparezcan, es decir, cuando el perro está apunto de comenzar a ladrar. La explicación a esto es muy simple, el ladrido es “autorreforzante” (se premia a sí mismo), lo que significa que para cortarlo es necesario un estímulo de alta intensidad.

En perros que ladran en la puerta o que se aburren mientras los dueños duermen, resulta muy práctico enseñarle el ejercicio de tumbado a distancia. Curiosamente, muy pocos perros ladran cuando están tumbados, de modo que de esta forma conseguimos que deje de ladrar y además lo premiamos por un ejercicio bien hecho. En los perros que aún tumbados son capaces de ladrar, aplicaremos la misma mecánica con el ejercicio de “muerto”. Ningún perro es capaz de ladrar en esta posición, si el ejercicio se hace con precisión.

La mejor forma de enseñar a un perro a callarse a la orden, es instruirle para que ladre bajo un comando. Siempre que adiestramos a un perro para que haga un ejercicio determinado bajo una orden, también le enseñamos la orden para dejar de hacer ese ejercicio. De este modo, enseñándole a ladrar, también podremos usar una orden para que calle.

Nunca debemos olvidar que el ladrido puede ser indicativo de patologías, como por ejemplo la ansiedad por separación. El perro que aúlla cuando se queda solo, quizás tenga este problema. En estos casos, la mejor opción es solucionar la patología raíz. Una vez curado, el perro abandonará las conductas indeseables.

En casos muy aislados, nada funciona y además los ladridos aparecen en momentos que no está el dueño para corregir. Tan sólo en estos casos y siempre bajo la supervisión de un adiestrador cualificado y experimentado, recomendamos el uso del collar antiladridos. Consiste en un sistema que se activa al vibrar las cuerdas vocales, provocando una estimulación eléctrica de baja intensidad, que será suficiente para cortar el ladrido, siempre que se presente de la forma adecuada. Nos consta la mala imagen que tienen estos métodos entre el público en general, pero nosotros siempre defendemos que “más vale un antiladridos que un perro eutanasiado”. Realmente, cuando la situación supera el control de los dueños y las denuncias son frecuentes, el final de la vida de los perros puede andar cerca.
Con este artículo, pretendo corregir uno de los problemas más frecuentes que, como ya he dicho varias veces, suele concluir con la eutanasia del autor de los ladridos. No me cansaré de repetir que educando desde el principio, intentando solucionar de una forma lógica los problemas que se nos plantean a lo largo de la vida del perro y sobre todo pidiendo ayuda a profesionales del comportamiento canino, muchos perros que hoy están muertos, podrían seguir entre nosotros.
 

Alberto Zafra - Ischadia

 

 

 

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