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Esta afección articular no inflamatoria de
evolución crónica se caracteriza por manifestaciones dolorosas. La
artrosis suele deberse a anomalías de intensidad, de frecuencia o de
distribución de las fuerzas biomecánicas. Se trata de fuerzas
biomecánicas anormales ejercidas sobre un cartílago inicialmente sano.
La artrosis es invalidante, debido al dolor y a la cojera que provoca,
siendo demasíado a menudo incurable y pudiendo solo utilizarse
tratamientos paliativos.
Las lesiones cartilaginosas aparecen en primer lugar y se caracterizan
por pérdidas de sustancia, seguidas de un desgaste que deja aparecer el
hueso subcondral. Las zonas de hueso descubiertas se densifican como
reacción a la pérdida de cartílago. En la periferia de la zona
cartilaginosa aparentemente intacta, se forman osteofitos (osificación a
partir de cartílago nuevamente formado). Estos cambios estructurales se
traducen en un desgaste del cartílago, que termina desapareciendo, así
como en un acercamiento de las dos epífisis. La membrana sinovial
también reacciona y la cápsula articular termina por engrosar y
esclerosarse. La evolución de los fenómenos artrósicos se realiza por
brotes, siendo por lo tanto irregular. El perro presenta una cojera
intermitente, en frío, que se atenúa con el precalentamiento y reaparece
con la fatiga. El perro utiliza menos el miembro afectado, lo que
origina amiotrofias por falta de utilización de los músculos, y
eventualmente, contracturas musculares.
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