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Compañía
permanente.
Desde su nacimiento se convirtió en una
compañía permanente, las veinticuatro horas, en medio de cualquier
actividad, siempre a escasos metros, siempre en medio, no importaba
el polvo, o el humo, ni el cemento, ni las temperaturas del sol o la
nieve, hasta tal extremo que en cualquier actividad tenía que
ponerle un cualquier objeto e indicarle que ese era el límite que no
debía traspasar. Bastaba decirle una sola vez que no pasara cuando
se acercaba a la zona de trabajo y llegaba al objeto para que
comprendiera que ese día, ese objeto, era el límite que no debía
traspasar.
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