|

Siestas de verano.
Siempre atenta y pendiente de mi actividad,
Tani se sienta a unos metros de donde me encuentro realizando alguna
tarea. En pleno verano el sol nos ahoga con fuego, solo una
chicharra se atreve a romper el silencio asfixiante de la tarde.
Tani me observa pero sus párpados le pesan, jadea bajo un sol que
clava sus rayos en nuestras espaldas, se resiste a echarse y
permanece sentada intentando permanecer despierta, no debe
comprender por que me muevo y me atareo bañado en sudor con esas
temperaturas ... pero como siempre ella permanece a dos metros,
aunque en estas tardes de verano con los ojos semicerrados y la boca
abierta, en un durmevela permanente.
|